la página que demuestra que nunca existió un club en 1980 en Sevilla llamado Sevilla F.C.
Sevilla Fc 1890, Isaias White, HIpódromo de Tablada, 28 de Febrero de 1890, La Provincia, Recreation Club: Así se desmonta una historia inventada
 
La opinión de los Historiadores Nacionales  
resumen práctico del libro en PDF

“Balmont ha realizado con honradez investigadora el trabajo que otros se han negado a realizar; o que tras realizar y hallar conclusiones que no les gustaban se han negado a publicar. Los otros sólo han escrito historias. Éste es un libro de Historia”.

Víctor Martínez Patón .

Miembro del Centro de Investigaciones de Historia y Estadística del Fútbol Español desde 1999. Colaborador habitual en la revista oficial de la Real Federación Española de Fútbol desde 2002, escribe fundamentalmente artículos divulgativos de historia del fútbol y de análisis de la lengua deportiva. Redactor de varias biografías de futbolistas para el Diccionario Biográfico Español de la Real Academia de la Historia (en prensa).

QUIEN AFIRMA DEBE PRESENTAR PRUEBAS CONCLUYENTES

Uno de los más célebres preceptos, base fundamental no sólo del Derecho Romano sino de la misma ciencia jurídica, es el que afirma que probatio incumbit cui dicit, non cui negat. Es decir, la prueba recae en quien afirma, no en quien niega. la labor del historiador por tanto consiste en encontrar pruebas para sustentar aquello que afirma, es así de simple. Pues bien, la ignorancia o la deliberada voluntad de obviar esta base fundamental del derecho, y de la Historia, es la que ha motivado este estudio que con tanta seriedad y buen método ha escrito Antonio Balmont.


La circunstancia concreta sobre la que Balmont escribe es la siguiente: una serie de autores ha defendido recientemente que en 1890 existía en Sevilla un equipo de fútbol, legalmente constituido, de nombre “Sevilla Foot-Ball Club”, antecedente directo del actual campeón de la Copa de la UEFA, fundado en 1905. Extraordinario descubrimiento pues, que de ser oportunamente probado por quienes lo defienden debe pasar a formar parte de la Historia del fútbol sevillano y español. Pero, ¿cuáles son las pruebas que permiten a estos autores hacer una afirmación de tal importancia?


Pues bien, sólo presentan una prueba: una carta de fecha 25 de febrero de 1890 escrita en inglés por Isaias White, afincado en Sevilla, invitando al “Recreation Club” a jugar un partido de fútbol en la capital hispalense. En el cuerpo de dicha carta se puede leer lo siguiente: “As probably you have heard we have recently started a Football Club here [...]”. A mayor abundamiento, cuando tal carta fue publicada por el periódico onubense La Provincia tres días después, se le antepuso el siguiente encabezamiento: “The following letter has been received from the Secretary of the Sevilla Football Club (conste que Sevilla Football Club se escribe sin ningún tipo de entrecomillado)”. Como hábilmente induce Balmont, la entradilla debió ser escrita por el propio secretario del “Recreation Club”, ya que de haberse escrito en la redacción del periódico se habría hecho en español y no por el propio Isaías White.


Magnífico hallazgo a partir del cual buscar pruebas concluyentes: otras notas de prensa, registro mercantil, registro de asociaciones, etc. Encontrar noticias redactadas en español sería fundamental, ya que de ese modo descartaríamos la gran duda que surge al leer la carta de White: que la palabra “club” no sea sino el nombre común, esto es, “reunión”, y que por lo tanto en ningún caso se refiera a una asociación deportiva legalmente constituida, sentido que hoy damos en español al término anglosajón (la carta debe interpretarse en términos pasados y no obviamente en los actuales pues el significado de las palabras varían con el uso y el tiempo).


Y bien, ¿cuáles son esas otras pruebas que permiten asegurar que en 1890 había una sociedad legalmente constituida y no sólo una reunión de amigos para jugar al fútbol? O expresado lingüísticamente, ¿qué prueba que “club” es usado por White como nombre propio y no como nombre común? Ninguna. Quienes defienden y proclaman abiertamente la primera interpretación no aportan ni una sola prueba más. ¿Cabe pues aceptarla? La única respuesta coherente con la ciencia historiográfica es un no rotundo: Quien dice algo tiene que probarlo, o dicho en latín, affirmanti incumbit probatio.


A la espera pues de que quien defiende que en 1890 ya había un Sevilla FC legalmente constituido aporte las pruebas pertinentes que le den valor a su afirmación, ¿por qué escribir un libro que refute esta teoría, tal como ha hecho Antonio Balmont? Trabajo no sólo difícil, sino ontológicamente imposible: ¿cómo demostrar de manera rotunda que algo no ha ocurrido? La ausencia de pruebas en último caso sólo demuestra que no hay pruebas, no que algo no haya ocurrido.


La razón de este libro es muy sensata: no podemos permitir el avance de la mentira. Aunque para impedirlo haya que demostrar que no existen pruebas para afirmaciones que otros hacen, y a los que naturalmente correspondería probar aquello que dicen. Y ése es precisamente el trabajo que Antonio Balmont ha desarrollado y que presenta en este libro: buscar otras pruebas que refrenden la carta del periódico onubense. La conclusión del exhaustivo trabajo que a continuación se presenta es rotunda: quienes afirman la existencia de una sociedad legalmente constituida en Sevilla no aportan más pruebas no por desidia, sino porque no existen.


Por lo tanto Balmont, fiel a las pruebas, o mejor dicho, a la ausencia de éstas, ha realizado con honradez investigadora el trabajo que otros se han negado a realizar; o que tras realizar y hallar conclusiones que no les gustaban se han negado a publicar. Los otros sólo han escrito historias. Éste es un libro de Historia.

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